El talento hay que trabajarlo.

El talento hay que trabajarlo.

Porque no todo vale.

Cuando menos lo esperamos, aparece el hallazgo.

Recuerdo este poema de Ángel González desde esta ciudad, tan distinta ahora a nuestros ojos.

¿Nos sigue haciendo vibrar nuestro trabajo? ¿Somos felices en él?

Tú decides qué o quién te condiciona.

Nadie puede obligarte a pensar ni a sentir a su modo.

Capturemos nuevos instantes.

Todo está más cerca de lo que imaginamos.

Dos valiosas cualidades que convendría fomentar.
