Latidos

Quiero y me dejo querer.

 

Estreno contigo sentimientos silenciados

y comparto misterios entre risas de fiesta.

 

Puedo ser lo que soy

y aprendo a conocerte.

 

Me has regalado el viento, un desafío…

 

Un día, en mi soledad, te soñé;

y hoy, me aportas gotas de sueños

en cada huella que dejamos juntos.

 

Marcas el ritmo de la primavera y,

mes a mes, puedo ver tu corazón

en cada gesto.

 

Me has enseñado a soportar tempestades

y arropas con tu chispa mis dibujos de niña.

 

Descubro un pasaporte a las estrellas

cuando, con tu magia, rompes la monotonía.

 

Pienso en acuarelas desde que estás conmigo,

me disfrazas de reina cada vez que me miras.

 

Y, por fin, dejé mis amuletos

porque tú eres el trébol que oxigena mi alma.

1 María Ángeles Chavarría MIrada

(María Ángeles Chavarría, La mirada de alguien sin importancia, 1999)

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Como el viento

COMO EL VIENTO

Como el viento a lo largo de la noche,
amor en pena o cuerpo solitario,
toca en vano a los vidrios,
sollozando abandona las esquinas;

O como a veces marcha en la tormenta,
gritando locamente,
con angustia de insomnio,
mientras gira la lluvia delicada;

Sí, como el viento al que un alba le revela
su tristeza errabunda por la tierra,
su tristeza sin llanto,
su fuga sin objeto;

Como él mismo extranjero,
como el viento huyo lejos,
Y sin embargo vine como luz.

luna9

 

Luis Cernuda, Un río, un amor. Incluido en La realidad y el deseo.

 

Un río, un amor se publicó en 1929

Tertulia de verano

 

Charlábamos tranquilos frente al mar melancólico.

Gaviotas en cascada.

Pensativa en la hamaca, se escapaba el instante.

La tarde era apacible.

Miraba el horizonte sintiendo eternidad.

comedor-de-verano-en-la-terraza_galeria_landscape

 

La merienda interrumpió la colección de hilos.

Se estaba bien, unos junto a otros,

hablando en silencio.

Enlazaba momentos.

Las pausas de la charla adormecían.

La humedad era casi un hallazgo.

terraza1

 

Todo parecía claro

y las transparencias hablaban con escalofrío.

La tarde ya era noche

y una manta entonces daba confianza

para seguir soñando.

la-terraza

Sin moverme de la terraza,

conquistaba el firmamento.

pensando junto al mar

María Ángeles Chavarría, en La mirada de alguien sin importancia

LOS SIGNOS

LOS SIGNOS

columpio y árbol

No es necesario esperar la llegada de un signo

para empezar a amar profundamente

un gesto, una mirada transparente,

un abismo de luces coloreado en espirales

por el alma infinita de un milagro.

 

No hay que invocar mensajes poderosos

para darse una vuelta por la vida

y preguntar al mundo qué espera de tus órganos,

qué espera de tus huesos,

qué espera de tu espíritu;

para anidar al sol de una esquina del barrio

y mirar las paredes,

que a veces necesitan un toque de pintura,

y contemplar el cielo

aunque a veces las nubes nos tapen sus azules.

 

No hay que esperar un golpe del azar

para agotar la tarde

hasta que el sol se esconda entre naranjas,

para fundirse en sueños

con el soplo callado de nuestros pensamientos.

 

No hay que esperar jamás las oportunidades.

 

Hay que agitar con fuerza las ojeras

y mirar con los ojos muy brillantes

las alas del instante regalado.

chica con mariposas

María Ángeles Chavarría (de Lo que sólo cuenta el alma)

Tinieblas nocturnas

TINIEBLAS NOCTURNAS

A mi abuelo,

por haberme encaminado hacia la esperanza.

 

camino largo

 

Hay un punto en la noche tan oscuro

que te oculta el paisaje,

el paisaje desnudo

libre de toda red.

 

Me quedo inmóvil,

intentando cerrar muy bien los ojos

para buscar, sedienta, alguna imagen

en esferas de vidrios perfilados

por una luz que repare la sangre.

 

Es el momento límite de la supervivencia,

el momento marcado por fórmulas secretas,

el momento del muro que memoriza un átomo.

 

Es el centro de voces que temen al insomnio

y borran a patadas

los pasos de la ausencia.

 

Un instante después

de haber sentido lunas de azabache,

un instante tan sólo

después del recorrido hacia el abismo,

percibo una sorpresa envuelta en blanco.

 

En ese mismo instante

amanece.

María Ángeles Chavarría (de Lo que sólo cuenta el alma)

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