
Categoría: Susurrar en VERSO
Poemas y greguerías
Latidos
Quiero y me dejo querer.
Estreno contigo sentimientos silenciados
y comparto misterios entre risas de fiesta.
Puedo ser lo que soy
y aprendo a conocerte.
Me has regalado el viento, un desafío…
Un día, en mi soledad, te soñé;
y hoy, me aportas gotas de sueños
en cada huella que dejamos juntos.
Marcas el ritmo de la primavera y,
mes a mes, puedo ver tu corazón
en cada gesto.
Me has enseñado a soportar tempestades
y arropas con tu chispa mis dibujos de niña.
Descubro un pasaporte a las estrellas
cuando, con tu magia, rompes la monotonía.
Pienso en acuarelas desde que estás conmigo,
me disfrazas de reina cada vez que me miras.
Y, por fin, dejé mis amuletos
porque tú eres el trébol que oxigena mi alma.

(María Ángeles Chavarría, La mirada de alguien sin importancia, 1999)
Greguería del 1 de mayo

Greguería del 14 de abril
«El mapa es un trozo de mundo que se ha encogido.»
(de Cada día una greguería)

Greguería del 1 de abril

Greguería del 27 de marzo
«El pensamiento es una frase que se escribe con humo.»
(de Cada día una greguería)

Tertulia de verano
Charlábamos tranquilos frente al mar melancólico.
Gaviotas en cascada.
Pensativa en la hamaca, se escapaba el instante.
La tarde era apacible.
Miraba el horizonte sintiendo eternidad.

La merienda interrumpió la colección de hilos.
Se estaba bien, unos junto a otros,
hablando en silencio.
Enlazaba momentos.
Las pausas de la charla adormecían.
La humedad era casi un hallazgo.

Todo parecía claro
y las transparencias hablaban con escalofrío.
La tarde ya era noche
y una manta entonces daba confianza
para seguir soñando.

Sin moverme de la terraza,
conquistaba el firmamento.

María Ángeles Chavarría, en La mirada de alguien sin importancia
«Caminar»
CAMINAR
Paso a paso respiro todo el cielo
como el gran milagro de un descubrimiento.

Quiero adivinarme
en el espejo inmenso de la fragilidad,
donde no todo el mundo se atreve a reflejarse. Sigue leyendo ««Caminar»»
«Abandono»
ABANDONO

El alma se me hizo de papel
y podían cortarla.
Mi voz era esponjosa, sin aliento;
mis párpados arrullos de campanas.
… Y me sentía sola,
más que el fuego en la playa.
