El motor del cambio

El motor del cambio, y por tanto el proceso hacia él, es diferente para cada individuo. Hay quien lo vive en soledad mientras otros prefieren compartirlo y pedir asesoramiento. Cada caso es personal y único. Sin embargo, en lo que coincide la mayoría de personas que deciden “reinventarse” profesionalmente es en el deseo de desanclarse a partir de diversos sentimientos de insatisfacción. Por eso mismo, pese a lo difundido del término, prefiero hablar de “autodescubrimiento” que de “reinvención” en lo que se refiere al desarrollo personal y laboral. Si nos paramos a pensar, comprobamos que es menos agotador y más efectivo profundizar en quienes ya somos que volver a inventarnos cada vez que nuestro perfil o nuestra forma de ser no cuadra en los patrones que la sociedad modifica continuamente. Esta profundización no es estática y supone, por supuesto, una modificación de nuestra conducta y de nuestros pensamientos; sin embargo, supone una metamorfosis mucho más natural y coherente que el hecho de convertirnos en quienes no somos, incluso con brusquedad y prisas, solo porque lo exige el guion.

Y para ello, para evolucionar y descubrirse a medida que avanzamos, no es necesario sentirse angustiosamente mal ni experimentar una total frustración. La insatisfacción no siempre va acompañada de pasotismo y dejadez. Todo depende de la actitud. La insatisfacción que mueve al cambio también puede estar relacionada con un inconformismo saludable que nos empuja a la curiosidad, al aprendizaje, a la experimentación.

Muchas personas trabajan cómodamente en una empresa, la conocen a la perfección, controlan su cometido y lo ejecutan con eficacia, superando con creces sus objetivos; no obstante, sienten (de nuevo el peso de los sentimientos) que se han estancado en un cómodo y plomizo estado: el de la rutina. En este caso, cada uno decide si opta por permanecer en la zona de confort que, pese a la comodidad, ya no le satisface o vencer los miedos (aunque solo sea parcialmente) y adentrarse en otra zona más ajena y extraña en la que probablemente descubrirá muchas facetas suyas que antes desconocía. Es en esa zona de incertidumbre donde ponemos a prueba nuestras habilidades, aprendemos competencias nuevas, desarrollamos nuestros talentos y comenzamos a cosechar éxitos.

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(María Ángeles Chavarría, extracto del libro Cómo enfocar los cambios: Qué te mueve, capítulo “El motor del cambio”)

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