Saborear las LETRAS de siempre

¡Qué esfuerzo!

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¡Qué esfuerzo!
¡Qué esfuerzo del caballo por ser perro!
¡Qué esfuerzo del perro por ser golondrina!
¡Qué esfuerzo de la golondrina por ser abeja!
¡Qué esfuerzo de la abeja por ser caballo!
Y el caballo,
¡qué flecha aguda exprime de la rosa!,
¡qué rosa gris levanta de su belfo!
Y la rosa,
¡qué rebaño de luces y alaridos
ata en el vivo azúcar de su tronco!
Y el azúcar,
¡qué puñalitos sueña en su vigilia!
Y los puñales diminutos,
¡qué luna sin establos, qué desnudos,
piel eterna y rubor, andan buscando!
Y yo, por los aleros,
¡qué serafín de llamas busco y soy!
Pero el arco de yeso,
¡qué grande, qué invisible, qué diminuto!,
sin esfuerzo.

 (Federico García Lorca, “Muerte” de Poeta en Nueva York)

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¡Cuánto esfuerzo en ser otros!

¿Y si nos decidiésemos a ser nosotros mismos?

Saborear las LETRAS de siempre

Un punto de locura

 

¡Qué bien razona ese individuo! Los locos, cierto, siempre razonan bien, atendiendo a sus ideas. 

Bram Stoker (Drácula)

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No perdamos ese punto de locura que nos hace más creativos y más audaces.

¿Cuántos tildados de locos han revolucionado la humanidad (con sus inventos, su investigación, su entrega a los demás…) y cuántos presuntos cuerdos nos han llevado al declive?

Si los “cuerdos” consultaran a los “locos” (profesores entregados, artistas portadores de ilusión, pequeños empresarios sin horarios, estudiantes que quieren recuperar la esperanza en un futuro mejor…) tal vez fuera posible atisbar una senda por la que empezar a caminar.

 

 

Saborear las LETRAS de siempre

Se trata de algo positivo

SE TRATA DE ALGO POSITIVO

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               Hoy, por ejemplo, estoy más bien contento.

No sé bien las razones, mas por si acaso anoto:

Mi estómago funciona,

mis pulmones respiran,

mi sangre apresurada me empuja a crear poemas.

(Solamente -¡qué pena!- no sé medir mis versos.)

 

Pero es igual, deliro: Rosa giratoria

que abres dentro mío un espacio absoluto,

noche con cabezas

de cristal reluciente, velocidades puras del iris y del oro.

(Solamente -¡qué pena!- estoy un poco loco.)

 

Mas es real, os digo, mi sentimiento virgen,

reales las palabras absurdas que aquí escribo,

real mi cuerpo firme,

mi pulso rojo y lleno,

la tierra que me crece y el aire en que yo crezco.

(Solamente –qué pena- si vivo voy muriendo.)

 

[GABRIEL CELAYA, 1945]