Categoría: Rozar con CUENTOS gotas
microrrelatos y cuentos
Retorno a la infancia
RETORNO A LA INFANCIA
He retornado a la infancia. Ese periodo liberador, pese a las prohibiciones, en que todo parecía ir bien. Entonces, ensimismada, silenciosa, tímida, jugaba mi papel de misteriosa y me refugiaba en la introversión para observar sin límites. Comportamientos, paisajes, interiores… todo entraba en mi mente y todo salía de ella coloreado por mi peculiar visión de la vida.
Ahora me encuentro un tanto perdida y no logro dar con los tonos adecuados para sombrear con pinceladas dulces un espacio abrupto, incoherente e injusto. Ahora, mis preguntas son más complejas que antes y lo más doloroso, para alguien que, como yo, cree en los sueños, es que la imaginación no siempre es válida para resolver los enigmas.
Por eso he retornado a la infancia, para volver a creer en lo imposible, para volver a sumergirme en ese mundo idílico de fantasía, para llorar sin complejos de adulta, para recibir ese abrazo, dulce, tierno, apacible, y que una voz cálida y segura me diga que todo está bien.
María Ángeles Chavarría, de Pincelada con matices
Nuevo libro: HABLAR EN PÚBLICO Y EN PRIVADO. LAS SITUACIONES QUE NADIE TE COMENTA
Hablar en público y en privado. Las situaciones que nadie te comenta es un libro donde los ámbitos divulgativo y literario se mezclan para hablar de Comunicación eficaz sin tapujos.

Más información en
http://www.esic.es/editorial/editorial_producto.php?isbn=9788473569101
Entrega de los premios Max Aub
El sábado 1 de junio se entregaron en Segorbe los premios del XXVII Certamen Internacional de Cuentos Max Aub en una Velada Literaria cuyo desarrollo se detalla en el siguiente enlace:
Estas imágenes reflejan el transcurso del evento, al que asistí como representante del jurado, y cómo lo disfruté en muy buena compañía.
Gracias a la Fundación Max Aub por su excelente trato y felicidades a Fernando Villamía y a Miguel Alayrach por sus merecidos premios.
Entrega de Premios en el Colegio de Licenciados
Fallo certamen Max Aub 2013
En Segorbe, el día del fallo del certamen de relatos Max Aub, junto a los otros dos miembros del jurado: Emilio Calderón y Eugenia Rico.
Con el presidente de la Fundación Max Aub, Francisco Latorre.
Vídeo rueda de prensa sobre el fallo:
Vídeo de valoración de los encuentros de estudiantes y autores:
Por la tarde se unieron al grupo: Teresa, nieta de Max Aub, y María José, la archivera de la Fundación.
Al día siguiente, tras un encuentro con alumnos y profesores de varios institutos, los miembros del jurado aprovechamos para recorrer las calles segorbinas, visitar sus monumentos y subir al castillo. ¡Por fin un día soleado para respirar el aire del Alto Palancia!
Gracias a todos por esta maravillosa experiencia. ¡Y enhorabuena a los premiados!
Taller de Relato Juvenil
Fotografías de qué sé yo
FOTOGRAFÍAS DE QUÉ SÉ YO
La hierba o la fábrica. Todo desfallece ante su clic. Flash y permanencia. Una obsesión. Captar la esencia de la esencia.
El tiempo mata los gritos de los objetos. Fotografío para no olvidar. Para no dejar a una vajilla muerta. Destartalada por el desamor.
No sé qué quedará. La imagen salva. Quiero salvar los pétalos del fin. La risa descontrolada de un movimiento. La tibieza de una mesa camilla. Unas manos gastadas. Un gesto que no tiene antecedentes.
Un día me propuse fotografiar la pena. Logré captar la tristeza, la ternura, la soledad. Transporté el objetivo a la piel de los entes y los seres. Puse mi corazón en una lente. Lo dejé a la intemperie. Niebla. Filtros. El mundo era una gran fotografía. El mundo se dejaba mirar por mis ojos. El marco era el único límite. Desnudo en blanco y negro. Alma en color.
El mensaje pervive despechado. Los álbumes soportan los silencios. Relojes. Risas. Rostros. Rituales. Ese sabor a esencia duerme ahora en negativos.

María Ángeles Chavarría, de Pincelada con matices
Luna lunera
LUNA LUNERA
De niña, me gustaba inventar canciones. “Niña, mira al cruzar”. Esa calle sin coches. Inventaba en el trayecto de mi casa a la lechería. Lechera verde manzana con tapa blanca. Redondita. Como mi cara. Como la luna. A esa luna cantaba. Esa luna mágica era la protagonista de mis canciones.
Era lo que más llamaba mi atención a lo largo del recorrido. Lo que más destacaba entre el paisaje de calles empedradas. Frío invierno. Cálida luna color de lumbre. Pequeña luna inaccesible.
En la cola seguía tarareando sin voz. Silenciosa tonadilla tímida. “¿Cuánta te pongo?” Mente lejana y danzarina. “¿Cuánta? ¿No me oyes?”. “Sí, sí. Dos litros. Perdone, no la había oído.”
Oía un murmullo. Las señoras hablaban de sus cosas. Eran las ocho de la tarde y muchas tenían prisa por hacer la cena. Había sábanas blancas en los balcones. Leche blanca. Luna blanca. Mi piel era blanca y el invierno frío.
Mis nueve años hacían juegos malabares con el espejo celeste. El paraíso lunar me acompañaba y yo no podía dejar de cantar. Temas lunáticos. Románticos temas de niña que aún cree en sirenas. Casi conseguía emocionarme con mi propia invención. “¡Qué rara es esa niña! ¡Siempre en las nubes!” Se equivocaban. No estaba en las nubes. Estaba en la luna.
Me decían que siempre llevaba las rodillas marcadas, que tropezaba con una raya de tiza. Pero el suelo no tenía la culpa. Era la luna, la inmensa luna, la que me cautivaba hasta el punto de perder la noción del tiempo y del espacio. “¿Cuánta leche has comprado?” “Dos litros, mamá”. La lechera estaba medio vacía. Zarandeada por el ligero bamboleo de mi cancionero. El resto estaba llenito de luna. Sin embargo, callaba. Nadie lo hubiese entendido.
María Ángeles Chavarría, de Pincelada con matices
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